Manuel Navas

Para Navas cada bloque de piedra es un espacio por descubrir: su envoltura es sólo apariencia, como aparente es para el navegante la línea del horizonte.


Manuel Navas es escultor igual que otros son grandes viajeros.
Sólo que él no viaja de país a país, de mar a mar: él enfila hacia el granito, el mármol o el metal hasta abordarlos, penetrarlos y poseerlos.
Para Navas cada bloque de piedra es un espacio por descubrir: su envoltura es sólo apariencia, como aparente es para el navegante la línea del horizonte. Tras la materia desechada , más allá de lo informe, él siente (sabe) que existen mil figuras por revelar. Esa es la obra que él ha decidido acometer: extraer del fondo del mineral todas las formas que le habitan en silencio.
Nacido en Jávea (Alicante), Manuel Navas es hijo legítimo del Arte ibérico, igual que Giacometti lo es del etrusco. Y sin embargo esta fidelidad no le impide inspirarse en otras fuentes, sin dejar por ello de afirmarse en su originalidad, la pasión de su herencia y su deseo de darlas a conocer. Lo cual hace inventando, sin cesar, formas que sólo suyas son. Incluso cuando a veces usa técnicas claramente modernas, siempre encuentra el gesto ancestral donde reside el secreto de su autenticidad.
Todo ello se hace patente en una vitalidad que estalla sin ser violenta, como una llama cuyo fulgor corresponde enteramente a la forma revelada. Caemos en la cuenta entonces que Navas trabaja también con el fuego.
Su nao es su taller de Pedreguer, y sus remos los escalpelos que le ayudan a cincelar el mineral. Y es así como nos transporta a espacios donde vemos (reconocemos más bien) formas cuyo movimiento parece nacer bajo nuestra mirada, como una suite coreográfica venida del fondo de los tiempos para comunicarse con el hombre y la mujer de hoy.

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