Urbano Galindo

En las creaciones de Urbano Galindo se advierte una dualidad latente. Por una parte, la mirada del artista revela a los personajes retratados como una representación de aquello que se intuye pero que no nos es posible aprehender. Por el contrario sus composiciones abstracto- expresionistas, nos acercan a una visión menos serena e infinitamente más compleja.


En las creaciones de Urbano Galindo se advierte una dualidad latente. Por una parte, la mirada del artista revela a los personajes retratados como una representación de aquello que se intuye pero que no nos es posible aprehender, la imagen de una búsqueda de interioridades donde el ser humano proyecta lo mejor de sí mismo, secreto en su transparencia reflejada, aureolado por una inmanente dignidad. Por el contrario sus composiciones abstracto- expresionistas, nos acercan a una visión menos serena e infinitamente más compleja. La turbulencia cósmica, interior, del artista se manifiesta y desdobla en una explosión de luz, movimiento y color que a menudo nos remite a ese "concepto espacial" que propugnara Fontana: la negación de fronteras entre pintura y escultura y la unidad de todos los elementos físicos, para una propuesta espiritualizada de un particular universo en constante transformación.
Para todo aquel que conoce a fondo la coherente y singular trayectoria artística de Urbano Galindo no ha de extrañarle el hecho de que este pintor-escultor, inmerso desde siempre en su vorágine creadora, prescinda de datos, fechas, lugares específicos, acontecimientos o efemérides varias presentes desde el comienzo en una ascendente carrera que abarca más de una treintena de años de imparable creación y éxito indiscutible. Y es que a este autor, que navega entre el éxito, el reconocimiento y una interiorizada filosofía zen que tiende sobre todo a la armonía, los pormenores que a otros artistas sin duda les parecerían de vital importancia o especialmente relevantes el reseñar, a él no parece preocuparle demasiado. Por lo tanto los que transiten esta página, podrán darse cuenta del rico y abundante trazado de una vida dedicada por completo a un universo artístico muy personal pero sin fechas puntuales que acompañen las imágenes de unas obras que por sí mismas hablan.
Un muy ordenado "desorden" preside este brillantísimo recorrido que aquí, muy brevemente, se intentará fijar.
Urbano Galindo nace en Madrid un mes de diciembre de 1943. Cursa estudios en el Colegio Hispano-Francés para, posteriormente, ingresar en la Escuela de la Marina Mercante; pero como suele suceder en estos casos él ha nacido con otras inquietudes y esa innata rebeldía creadora terminará por imponerse apartándolo de la aparente seguridad de un destino infinitamente más cómodo y pragmático.
Es así como decide entonces abandonar la carrera en el último curso para integrarse de manera exclusiva y plena en el complicado y apasionante mundo del Arte. Será éste un periodo intenso, de búsqueda, de insatisfacción personal que le lleva a probarse a sí mismo en diferentes campos; empieza por estudiar decoración sin dejar sus estudios de pintura y escultura y fotografía. El mundo de la fotografía, por lo que de innovadora creatividad representa en ese periodo de inicial formación, le atrae especialmente. En este campo pasará a ser Director Artístico de fotografía publicitaria. Un periodo de siete años en el que - sin olvidar su verdadera vocación de pintor-escultor- estudiará a fondo las técnicas más avanzadas que más tarde le servirán de soporte o base para desarrollar ampliamente otro tipo de creación más acorde con su forma de sentir y de expresarse.
Para un espíritu como el de Urbano, el mundo fluctuante de la publicidad, por interesante y creativo que éste sea, no podrá nunca satisfacerle ni colmar sus ansias de creación, así que con esa libertad que caracteriza al creador auténtico vuelve a dejarlo todo de nuevo y emprender una nueva andadura. Sólo que esta vez no iniciará el camino en solitario, Urbano ha encontrado la mejor cómplice, la más fiel compañera en María Eugenia Blázquez, mujer de gran sensibilidad que comparte su lucha, le comprende y apoya y con ella se casa formando un matrimonio estrechamente unido, muy sólido y feliz, que le proporciona la tranquilidad necesaria que su inquieto interior necesita. Periodo fecundo, gozoso y esperanzado el que ambos comparten, donde el afán de conocimientos de todo aquello que pueda alimentarlo espiritualmente prevalece sobre lo accesorio.
La música, otra de sus irrenunciables querencias, lo lleva a proseguir sus estudios de solfeo y piano que había iniciado tiempo atrás y vuelve también con renovada energía a sumergirse en sus grandes pasiones que había apartado o dejado en reposo: la fotografía, la pintura; la escultura. Instrumentos que serán sólo el soporte que le permitirá acercarse al alma de lo que atrapa, puesto que Urbano no se limita a plasmar desde distintos ángulos un rostro, unas formas o unos perfiles, sino que a través de su mirada y de su quehacer artístico pretende captar los pliegues más íntimos de todo aquello que intenta reflejar; no sólo la superficie, sino las capas más íntimas que guardan todo aquello que especialmente su mirada rescata, otro tipo de esencia, algo más intangible e inasible o ese lado puro e incontaminado que según él prevalece al fondo de cada ser humano y que el pincel o la técnica más sofisticada podrá nunca alcanzar. Incluso sueña y se propone desde siempre captar en el espacio la extraña naturaleza de esas formas cósmicas y evanescentes que parecen arrancadas a las mismas galaxias o a las constelaciones puesto que, como él mismo afirma en una entrevista: "Hay que escapar de la materia para trascender lo que no vemos".

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