JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA

JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA
(Valencia, 1863-Cercedilla, Madrid, 1923)


Es un orgullo para Arte, Información y Gestión volver a contar entre las páginas de su catálogo con una obra de Sorolla hasta ahora inédita, que ha permanecido en la misma colección desde los treinta del pasado siglo. En ella el autor ha retratado a una graciosa joven ataviada con un sombrero y un mantón, bailando espontáneamente en el interior de una habitación. La modelo aparece a contraluz ante un gran ventanal que finaliza en un banco con almohadones. La paleta del pintor esté dominada por tonos cálidos que, en conjunto, logran el carácter intimo de la escena. La chica parece estar bailando para sí misma, quizás ante un espejo, a juzgar por la dirección de su mirada que no atiende al espectador sino que se dirige hacia un punto en el infinito que éste no ve. A su derecha encontramos la que aparenta ser una pesada cortina roja tras una sencilla silla. El modo abocetado de plasmar los detalles es el resultado de la pincelada de Sorolla que produce una sensación de inmediatez y realismo.
El grácil movimiento de los pies, que recuerda a aquellos de las bailarinas de Toulouse - Lautrec, es de una modernidad aprendida seguramente en sus viajes a Paris. Ya en su primera visita a la ciudad de la luz, en 1885, Sorolla pudo recorrer la exposición póstuma de Jules Bastien-Lepage, ante la que quedó admirado. Más tarde, serian artistas como Iohn Singer Sargent, Manet o Degas, algunos de los pintores que influirán en sus obras y de los que podemos rastrear concomitancias en la obra que ahora comentamos. Con una pincelada suelta y vibrante el artista representa, en una escena llena de frescura, la bella imagen de un momento robado a una danzarina ocasional, reflejando el movimiento con gran expresividad y viveza.
La obra ha sido limpiada recientemente, lo que nos permite apreciar en todo su esplendor el alegre y luminoso colorido de Sorolla. El blanco del mantón reluce sobre el rojo vivo del traje, mientras que los tonos oscuros del sombrero y los zapatos enmarcan la de la modelo. En el amplio ventanal del fondo de la composición podemos apreciar como el autor valenciano hace un magistral uso del color para lograr los efectos lumínicos que tanta celebridad le dieron. No por tratarse de un interior es la luz un aspecto soslayado, antes al contrario, la claridad que la estancia y el ventanal mismo son, en gran parte, protagonistas de la escena.
Según nos informa Dña. Blanca Pons—Sorolla, es esta una obra que debió ser pintada hacia 1905-07, aunque la fecha que figura en él sea posterior, probablemente la del momento en que el autor se desprende de ella, costumbre habitual en los pintores. Se trata de la primera versión de una obra que Sorolla pintaría en dos ocasiones, la segunda de las cuales esté dedicada y fechada, también en 1917 —seguramente el año en que fuera concebida—, y actualmente se encuentra en una colección particular mexicana.
Agradecernos a Bianca Pons Sorolla la confirmación de la autenticidad de la obra, habiéndola visto 211 natural.

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