Ana Santamaria
Pablo Rodríguez Guy se inicia en la pintura en 1966. Ocho años después prueba con el grabado. Dos técnicas que asegura le gustan por igual. Se define a sí mismo como un artista perseverante, un poco obstinado y exigente consigo mismo. Cualidades que le han ayudado a encontrar su hueco en el complicado mundo del arte.
Pregunta: ¿Cómo decide dedicarse al mundo del arte?
Respuesta: Fue un flechazo. Tenía 15 años, cuando vi pintar a un paisano un paisaje de otoño e, inmediatamente, me compré una caja de acuarelas y empecé a pintar. Así hasta ahora.
P: ¿Cómo definiría su obra?
R: Uff. ¡Ahí es ná! Supongo que podría definirla como emotiva y de cierta calidad técnica. Mis padres espirituales fueron Turner, Zóbel, Tápies.
P: ¿Resulta caro dedicarse al mundo del arte?
R: Vivo del arte desde hace 30 años y la verdad es que nunca me he planteado dejarlo.
P: ¿Cómo definiría el proceso de creación de sus obras? ¿Tarda mucho?
R: Arrebatado al principio de la obra y sosegado y reflexivo cuando va estando terminada. En cuanto al tiempo que puede llevar una pieza, lo cierto es que es muy variable. Puede estar terminada en un solo día o tardar un mes.
P: Ha realizado más de cien exposiciones individuales, además de otras colectivas, en España, Alemania, Cuba o Japón, entre otras. ¿Cuál es su mejor recuerdo?
R: El último buen recuerdo ha sido en Nápoles, en la galería "Il Bidone". Fue muy entrañable, por los compañeros napolitanos y porque es una ciudad encantadora.
P: Si piensa en el futuro.. ¿cómo cree que le valorará la crítica?
R: Creo que me valorará con una cierta displicencia, y me gustaría que lo hiciera con justicia.
P: Si tuviese que definirse con un color, ¿cuál sería?
R: El gris, contenedor de todos los colores.
P: Si tuviese que repetir su historia, ¿volvería a ser artista?
R: Por supuesto. De hecho, mi sueño es poder llegar al final de mis días pintando y grabando.